"CON DIOS TODO SE PUEDE"

Dos mujeres lesbianas enamoradas nos comparten sus luchas y su fe


Isacc Rosales Quiroz

Octubre 16, 2020


Todos los seres humanos tenemos prejuicios y descubrir las muchas creencias que tenemos es un desafío. No somos ajenos al mundo en el que vivimos en donde lo que se piensa y dice de la comunidad LGBTIQ permea su forma de vivir en sociedad. Si no sabemos reconocer nuestros prejuicios de forma consciente e inconsciente estaremos únicamente actuando, cerrándonos a creencias que nos permitirían vivir en plenitud.

De hecho, no existen verdades absolutas al respecto sino una gran diversidad de miradas y apreciaciones. Para muchos resulta confuso responder a esta pregunta: ¿Puedo ser católico homosexual y vivir mi fe? Yo respondería con un "sí". No hay ningún problema con quiénes queramos ser, a menos que para nosotros mismos eso signifique un problema.



Jesu y Lili, pareja desde hace 31 años, comparten su testimonio de fe. Hace seis años que ellas pertenecen a la comunidad católica LGBTIQ "Hava Hinam" (Amor Incondicional) en la ciudad de Gómez Palacio, en el estado mexicano de Durango. Esta comunidad está conformada por aproximadamente 30 personas de las diferentes ciudades de la región lagunera de los estados de Coahuila y Durango. En voz de Jesu, ellas nos comparten su vivir, sus inquietudes y también su profunda fe en Dios:

Yo, Jesu – y mi pareja, Lili – fuimos bautizadas en la Iglesia católica. El hecho de nuestra condición de vida nada tiene que ver con muchas de las cosas que se dicen, que los homosexuales somos indignos. Las dos provenimos de familias católicas tradicionales. En un principio fue difícil pues no nos sentíamos merecedoras del amor de Dios, debido a las creencias que se nos habían inculcado.

Como pareja – y de manera personal – ha sido un proceso de crecimiento, ya que era muy complicado ir a nuestra iglesia y no sentirnos agredidas con los mensajes que recibíamos. Todo ello generaba un sentimiento de culpa. Estamos seguras de que el apoyo familiar es el sostén para la aceptación de una persona homosexual; los padres, finalmente, te saben diferente pero especial a la vez.

Nuestras familias saben de nuestra relación, de nuestro camino, y nos han acompañado en buenos y malos momentos. Por ejemplo, en nuestra boda que celebramos hace ya más de un año. Por supuesto que ellos también viven su propio proceso y debemos aprender a respetarles. En ese transitar muchas veces existe el rechazo. Es un caminar para aceptarnos como parte de la familia, pero también es un duelo que ellos deben atravesar. Podemos decir que la guerra interna empieza en nosotros cuando nos llenamos de pensamientos negativos hacia nosotros mismos. En pocas palabras, cuando no nos hemos aceptado.

En cierta ocasión, fui invitada a un retiro para mujeres heterosexuales en Kansas, en Estados Unidos. A decir verdad, me dio miedo. Iba arrastrando ese mensaje que en muchas personas llegué a escuchar sobre nosotros los homosexuales: que era "indigna", que estaba confundida. La invitación al retiro implicaba dejar la vida que llevaba, dejar a Lili. Ellos no entendían nada acerca de que el Amor es el Amor. No pude hablar libremente en ese momento debido a mi miedo; asistí con una máscara. Cuando tocó el tiempo de estar frente al Santísimo se lo dejé todo a Él. La lucha era conmigo misma pero también pude hacer conciencia, ahí mismo, del Amor infinito de Dios hacía mí. Entendí que por ser lesbiana y bautizada tenía el mismo derecho que cualquier otro miembro de la Iglesia católica a vivir y expresar mi fe, a dar testimonio y a ser luz para los demás. No puedo decir que Dios no nos ama por ser lesbianas puesto que Él hace las cosas perfectas. Somos su obra, su creación, somos de Él.



Hemos crecido en la fe dentro de la comunidad a la que pertenecemos. Vivimos una vida de apostolado, recibimos formación humana-cristiana, somos felices con nosotras mismas, somos conscientes de que Dios es un Padre amoroso.

Dios mismo se ha encargado de ir suavizando lo malo, transformándolo en bueno. Estamos fortalecidas a pesar de las adversidades. Hoy en día no tememos al rechazo, más bien cerramos los ojos diciéndonos: "Todo lo puedo en Dios que nos fortalece". Seguimos madurado en la fe, compartimos nuestro testimonio agradeciendo a Dios por la vida, haciendo el bien a los demás mediante el apostolado. Es una satisfacción dar sin recibir nada a cambio. Damos amor a quien lo necesite, hacemos voluntariado participando en misiones, hemos descubierto que nuestra misión es ayudar al prójimo siendo luz que alumbre el camino de muchos otros hermanos nuestros que sufren el rechazo por ser como ellos son y que viven en la sombra, en la oscuridad, por no poder vivir su verdadera identidad sexual.

Queremos decirles a nuestros hermanos de la comunidad LGBTIQ que siempre hay caminos. No importa quién te rechace, niegue o se avergüence de ti, con Dios todo se puede. Existe una luz que es ese Dios de Amor. Ser homosexual no es fácil en una sociedad llena de rechazo, burlas, prejuicios y tabúes, pero con Dios todo se puede. Si falta Dios en tu vida, te falta todo; búscalo y Él se hará cargo. Construye tu felicidad de la mano de Él. Eres digno, eres obra de su creación, hay un corazón que late y da testimonio de ese Amor. Que cada vez que palpite te recuerde que el milagro de la obra perfecta eres tú.

Todos somos diferentes por nuestros orígenes, historias, características personales y contextos, pero al mismo tiempo iguales en dignidad. Aprendamos pues a flexibilizar esas creencias limitantes.

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La Red Católica Arcoíris México (REDCAM) es una organización diseñada para convocar a individuos, grupos y comunidades católicas LGBTIQ+ (lesbiana, gay, bisexual, transexual, intersexual, queer u otras denominaciones) de México que trabajen por la inclusión religiosa y social en una Iglesia Católica renovada.

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