UNA TRANSFORMACIÓN DESAFIANTE Y ESPERANZADORA

El Creciente Liderazgo Católico LGBT+

REDCAM - Blog
Carlos Navarro FernándezFebrero 21, 2021

Los muchos y muy variados esfuerzos de los últimos quince años por expandir los derechos de las personas LGBT+ en México – incluyendo el matrimonio para todas ellas, sin importar la ciudad o el estado en la que vivan – no han sido bien vistos por los “líderes” ultraconservadores de la Iglesia Católica. Los “argumentos amorosos” que utilizaron para oponerse, por ejemplo, al proyecto de ley presidencial de 2016 para legalizar el matrimonio igualitario a nivel nacional, eran bastante anticuados, por decir lo menos. Las descripciones que utilizaron para describirnos – alusiones a las cucarachas y a la función del ano, entre otras – intentaron describir a una comunidad a la que no conocen y con la que no se han decidido a entablar un verdadero diálogo. Se han rehusado, con muy breves y contadas excepciones, a abrazar a un enorme grupo de personas que, de hecho, incluye a cientos de fieles católicos. Personas comprometidas en su fe y en su acción humanitaria a quienes he tenido el honor de conocer desde Tijuana hasta Cozumel, desde la costa del Pacífico hasta el Golfo de México.

Sin embargo, cada vez que un activista LGBT+ me pregunta por qué absurda razón sigo siendo parte de la Iglesia Católica, no puedo evitar narrar las muchas hazañas asombrosas de amor que esta organización religiosa es capaz de realizar. Afirmo esto de una manera tan inequívoca porque yo mismo lo he atestiguado:

  • El solitario párroco que presiona a un gobierno local para que las brigadas de vacunación lleguen a su empobrecido municipio.
  • El sentido de solidaridad y unidad que obtiene una comunidad del liderazgo de un joven seminarista que está allí no sólo para repartir los sacramentos sino también para hablar con la gente, escuchar sus preocupaciones, trabajar juntos – en solidaria compañía – para hacer que su vida material sea también mejor.
  • Y, por supuesto, el sacerdote católico que ofrece una visión de la esperanza y el significado cristianos a un rebaño que a menudo está confundido y ofendido por los terribles acontecimientos de nuestro mundo.

Sus voces y sus testimonios son lo que me mantienen creyendo en la Iglesia Católica. Eso mismo es también es lo que muchos católicos LGBT+ atesoran; testimonios así alimentan su deseo de seguir trabajando al unísono, como verdaderos fieles católicos y comprometidos seguidores de Jesús.

Casi nunca te enterarás de nada de esto viendo las noticias o consultando las redes sociales. Allí, se trata de la pedofilia y la riqueza y la mala gestión de la jerarquía católica. Sin embargo, debo insistir que he visto el poderoso potencial para el bien que tiene mi Iglesia y la he visto en acción, mejorando vidas y expandiendo horizontes espirituales que efectivamente construyen el Reino de los Cielos aquí en la Tierra. De hecho, aunque a veces ya no lo creamos, hay generosos y amplios sectores de nuestra Iglesia que no han olvidado el mensaje de Jesús.

Esta es justo la compañía que queremos tener como católicos LGBT+: una verdadera comunidad espiritual a la que podamos aspirar. Es algo que también he visto con mis propios ojos en todo mi país y, de hecho, en muchas partes de América Latina. Como miembro de la Red Católica Arcoíris México (REDCAM), les puedo hablar de una creciente red de liderazgo católico LGBT+ dispuesta a hacer brotar lo mejor de su comunidad religiosa para beneficio de todos sus miembros, incluyendo a las personas católicas excluidas, olvidadas, maltratadas y discriminadas por sus “líderes”. Al igual que San Francisco en su tiempo – y por favor recuerda que el nombre que tomó nuestro Papa actual no parece ser una coincidencia – no queremos una nueva Iglesia, queremos una mejora significativa en la que ya tenemos.

San Francisco se presentó ante el Papa Inocencio III y le dijo claramente que los caminos de la Iglesia tenían que cambiar, que a Dios no le gustaba cómo iban las cosas y que la jerarquía se había alejado de las enseñanzas de Jesús. Nos gusta nuestra Iglesia, apreciamos sus sacramentos, pero creemos que algunas de sus enseñanzas – parte de su guía moral – deben actualizarse. Como es el caso con las autoridades de gobierno, cuando los líderes católicos se proponen hacer el bien, pueden hacerlo con extraordinario éxito. Y resulta que, en virtud de nuestro bautismo compartido, también somos líderes católicos. Somos católicos y católicas arcoíris y tenemos la intención de decirle amorosa y decididamente a nuestros hermanos y hermanas – en nuestras pequeñas comunidades de oración, en nuestras parroquias locales, en las grandes diócesis e incluso en las enormes arquidiócesis y, bueno, en el Vaticano mismo – que deseamos una Iglesia diferente. No obstante, ya estamos construyendo una novedosa comunidad católica desde las bases. Es una voz que ya es escuchada y que ha producido abundantes frutos, como bien dice la Carta a los Gálatas, de “caridad, alegría, paz, comprensión de los demás, generosidad, bondad, fidelidad, mansedumbre y dominio de sí mismo.”

La triste y desafiante realidad es que la Iglesia Católica todavía juega un papel relevante en la negación de los derechos LGBT+ en México. Pero no todo está perdido. Segmentos de la Iglesia se están abriendo, aferrándose a cada palabra de tolerancia que pronuncia el Papa Francisco, y no sólo nos dan la bienvenida en sus comunidades, sino que participan en un diálogo activo y positivo que es también muy sanador.

Aunque seguimos enfrentando el mismo pensamiento anticuado de la doctrina católica, la esperanza está en el aire. Nuestra Iglesia está empezando a darse cuenta de que somos un don, no un enemigo; que estamos aquí no para destruir nuestra institución religiosa sino para reconstruirla y expandirla de manera renovada. En nuestra oración constante a Dios le pedimos que Ella esté ahí para ayudarnos a continuar esta transformación desafiante y esperanzadora. Puede que no estemos presentes para verla completada, pero ciertamente estamos listos para sentar bases sólidas y duraderas.

Deja un comentario