¡LA TENDENCIA CONSTRUYE, NO DESTRUYE!

La dinámica del perdón para llevar una vida de gracia como persona LGBTIQ+

REDCAM - Blog
Alejandro Moncada DomínguezComunidad Kadima
Chihuahua
Enero 13, 2021

“¡La tendencia construye, no destruye!” fueron las palabras con las que me respondió James Alison, al cuestionarle durante un conversatorio[1] si para mí era posible tener una vida de gracia manteniendo una relación homosexual en pareja. Admito que me resultó un poco violenta su respuesta pues hace falta violencia (en cierta medida) para construir.

Me explico: “en el proceso de construcción arquitectónica de alguna estructura es necesario violentar (para transformar) materiales que logren embonar como piezas de rompecabezas en dicha estructura”. De igual forma, construir una vida de fe desde la homosexualidad – o bien desde la comunidad LGBTIQ+ – requiere de múltiples actos de violencia hechos no sólo a uno mismo sino también a quienes nos rodean y al ambiente en que nos desenvolvemos: “Nos violentamos a nosotros mismos cuando aceptamos que nuestro sexo no es suficiente para definirnos como hombres o como mujeres; violentamos a nuestros padres cuando les decimos que formamos parte de la comunidad (a partir de este momento me referiré a la comunidad LGBTIQ+ como “la comunidad”); violentamos a la sociedad civil cuando exigimos que sus miembros reconozcan nuestros derechos a desenvolvernos dentro de ella, como cualquier otro, pese a nuestras claras diferencias; sin embargo, el mayor acto de violencia que podemos cometer es lograr perdonarnos por todo lo ya mencionado y mucho más, o quizá menos.

En su respuesta a mi interrogante, James también agregó que era necesario “liberarme de la culpa” que generaba en mí el vivir mi homosexualidad, que necesitaba liberarme de ese sentimiento de responsabilidad por una ofensa real o incluso imaginaria, pero tan real que es capaz de atormentar incluso a las mentes más apacibles y desinteresadas o desentendidas. Mentes trastornadas al adoptar un papel de victimario (imaginario) que destruye a quienes le aman (pero le cuesta trabajo aceptar que se sale del molde de la hetero-normalidad), a la sociedad (que le impone una vida hetero-normada) y a sí mismo (que ha aceptado la hetero-normalidad como norma o como ley).

En materia de derecho penal, en un juicio es necesario comprobar la culpabilidad del infractor para determinar la pena o castigo por el delito cometido. Asimismo, dentro de la mente del victimario (imaginario) en que se ha convertido el miembro de la comunidad, se está viviendo un juicio en el que el infractor es también un juez cuya ley es la costumbre; su delito más allá de ser una persona homosexual incluye faltas a la moral y las buenas costumbres; incluso es verdugo de sí mismo, dispuesto a enviarse a la horca. Incapaz de dar un veredicto contrario a la culpabilidad, incapaz de liberarse de la auto-condena, el fallo es inminentemente condenatorio: “lo declaro culpable de… lo condeno a…” Se convierte así en victimario de sí mismo, un victimario real.

Aturdido por la idea de culpa me animé a hacerle una última pregunta a James: ¿de qué manera puedo liberarme de mi culpa? A lo que amable y apaciblemente, con una mueca en el rostro me respondió que aquello sólo es posible “cayendo en la dinámica del perdón”.

Me resultó fácil asumirme como victimario social y como víctima de mí mismo, incluso imaginar mi sentimiento de culpa y su proceso hasta llegar a auto condenarme, pero ¿perdonarme? ¿Cómo me puedo perdonar? Es más fácil vivir la impotencia de no poder construir un concepto de auto perdón. Lo que parecía ser una solución me llevó a un callejón sin salida en el que no hay vuelta atrás. Ante mí sólo puedo ver una posible salida recubierta por un muro que lleva inscrito en letras mayúsculas la leyenda “ME PERDONO”. Quisiera poder decir que he derrumbado el muro, que ya no representa un obstáculo en mi camino y mi salud mental; pero puedo decir que me he dejado envolver en la dinámica del perdón, que tomé un martillo y un cincel y con ellos le he dado los primeros golpes a ese muro, que he comenzado a construir un edificio de disculpas y perdón con los restos de ese muro.

Aún no logro perdonarme del todo y es que sigo descubriendo cómo hacerlo. Sin embargo, espero en Dios tener la fe para mantenerme inmerso en su dinámica de perdón y así lograr construir a partir de mi tendencia al menos 70 pisos de disculpas.

Mateo 18, 21-22: Pedro se acercó entonces y le dijo: Señor ¿cuántas veces debo perdonar las ofensas que me haga mi hermano? ¿Hasta siete veces? Jesús le dice: No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete.

 

[1] El 19 de diciembre de 2020, el sacerdote y teólogo queer James Alison ofreció una plática virtual titulada “Una fe más allá del resentimiento” a la comunidad católica LGBTIQ+ Kadima de Chihuahua, Chihuahua.

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